Sexo en tiempos de Cuarentena

El aislamiento social al que el Coronavirus ha sometido a gran parte del mundo ha obligado a un cambio en la dinámica en la vida cotidiana de las personas. Las rutinas laborales, los encuentros con amigos, ir al gimnasio, visitar a la familia, pactar encuentros con chicos a través de aplicaciones son actividades que comienzan a quedar a un lado e impactan de manera contundente en nuestra psiquis.

Es que incluso programar disfrutar de algún evento deportivo o competencias de algún tipo ha echado por tierra parte de lo que pudiera haber funcionado como un cronograma de entretenimiento para paliar, al menos un poco, la situación. El encierro que comienza a sentir el cuerpo pasa a ser el mismo que enfrasca la psiquis, puesto que no es lo mismo quedarse en casa y poder salir o tener intenciones de planear salidas, a tener que hacerlo por obligación y, aún peor, sin siquiera darle la posibilidad de soñar con alguna reunión o salida.

Los horarios comienzan a correrse, sobre todo sin responsabilidades como trabajar a distancia, o tener clases on line, por ejemplo. Los horarios se corren, se vuelve difícil identificar los días, el tiempo pasa tan lento, como rápido. Muchos en familia, muchos con parejas y otros en absoluta soledad, se recurre a las llamadas, a los amigos, a las reuniones conjuntas mediante aplicaciones, e incluso en el mencionado caso de estar en pareja, se tiene la posibilidad de tener sexo, o aquellos que solos, están acostumbrados a pasar temporadas sin sexo y saben como arreglárselas, pero por algún motivo, no es lo mismo… y es justamente ese cambio de rutina, de dinámica que se respira en aire y del cual somos parte.

No tener sexo, o tenerlo con la persona que vemos las 24 horas sin pausa, comienza a sentirse vacío en muchos casos. El aislamiento, comienza a pesar en materia sexual. Los sexólogos exponen todo tipo de teorías; preponderan la masturbación, resaltan los beneficios de incorporar juguetes sexuales, promueven ideas como el chat sexual mediante teléfono, pero nada, nada reemplaza las ganas de la carne prohibida. Eva no debía morder la manzana a pesar de la advertencia, pero quedo tarde para ella cuando advirtió a que se expuso.

La tentación hace a la mayor de las fantasías. Los días avanzan y el celibato parece encontrar nuevas víctimas de la tentación. Salir por la fruta prohibida aún cuando el riesgo de exponerse al contacto pudiera implicar un riesgo mortal en la salud de uno o de los suyos, es una pulsión en una lucha entre deseo y razón, entre cuerpo y mente. Y en tanto se suman los días, las aplicaciones explotan, los chicos que antes no estaban disponibles se ofrecen con mayor facilidad; todos parecen más dispuestos que antes.

Sea para quien está sólo o para aquellas parejas habitúes de tríos, finalmente ceden las ganas. A través de un chat hot, con fotos de penes, culos y masturbación mediante, aparece la invitación: ¿Rompemos la cuarentena? A veces se duda, otras no: ¨Sí, voy. Pasame la dirección¨. Y de pronto la eclosionarlos, acabar y por fin librarse de esa sensación con la que no se iba a poder. El arrepentirse y cancelar. La razón esclarecedora que nos invita a reflexionar, a quedarnos en casa y el esperar a mañana para volver a ponerse a prueba. Reconfirmar cada día, aunque cada vez se haga más difícil el #yoacaboencasa.

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